Niños atrapados en un sistema del cual no se puede salir, sin esperanza de que sea mejor, ancianos de caras tristes y opacas que añoran ese pasado que creen mejor, dolor que acosa por todas partes al que menos tiene, al que sólo con la orden de un poderoso, le anulan sus derechos y son aplastados sin compasión.
Para qué masajear los cerebros, que ya sienten la violencia como algo normal, con toques de honestidad, solidaridad, amor, que ya no asimila por la callosidad mental que produjo la desconfianza, el desamor, el temor, la venganza y todo lo que aniquila la bondad?
Gobiernos despiadados que manejan al pueblo como marionetas a quienes en cualquier momento cortan los hilos para que caigan al vacío y puedan quitarle lo suyo, pisotearlos y poner sus banderas de poder en alto.
¿Cuál es la causa? El afán de poder y riqueza inherente al ser humano que no conoce de amor ni nada que se le parezca.
Seguiremos el paso atropellado de los "deshumanizados" o intentaremos cambiar con un granito de arena aquello que parece irremediable. No son los sistemas los que causan tanto mal, sino los pocos que desarrollan esa maquinaria y se introducen en ella por posesionarse de los bienes de los demás. El respeto por si mismo constituye un gran paso de avance hacía el respeto por los derechos de los otros, por la naturaleza, por los animales, por todo lo que gira a nuestro alrededor.
¡Plantemos semillas de respeto y cosecharemos una selva de amor y bienestar común!
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